El lenguaje inclusivo como transformación de la lengua

lenguaje inclusivo

Como quedó dicho en “Sobre desarrollo, cambios y transformaciones en el español”, ahora abordamos los argumentos de los propulsores del lenguaje inclusivo; los argumentos de quienes lo consideran innecesario se analizarán en la segunda parte.

Empecemos por aclarar que el llamado lenguaje inclusivo nace como una propuesta del movimiento feminista para dar visibilidad a la mujer, pues consideran que el español es una lengua machista que la borra. Es por ello que en el discurso feminista se valen del desdoblamiento de sustantivos, adjetivos y artículos, y de estrategias como el uso de sustantivos sin marca de género para lograr su objetivo. Escogen ser humano o la mujer y el hombre, frente al genérico hombre/ las niñas y los niños, o niñez frente a los niños.

Cuando el uso de la arroba (@) se popularizó, algunos pensaron que su imagen recordaba la forma de la “o” y de la “a” minúsculas unidas en un solo trazo y empezaron a utilizarla para referirse a mujeres y hombres al mismo tiempo. Es así como surgieron “l@s niñ@s”, “tod@s”, “bienvenid@”, “ciudadan@s” y un largo etcétera. Pero, como la arroba no es un signo lingüístico, presenta la enorme dificultad de la pronunciación: ¿cómo se lee “Querid@s amig@s”?

Más recientemente aparecieron las desinencias “-e” y/o  “-x” como sustitutos de “-a” y “-o” que son las principales marcas de género lingüístico en español. Esta propuesta controversial tiene la intención de incluir a todos en el discurso pues sus proponentes sostienen  que existen personas que no se identifican como hombres ni como mujeres, y que el español invisibiliza a las personas “no binarias”, como les califica Josefina Altiye  El uso de estas desinencias se ha extendido de tal manera que, por ejemplo, algunas instituciones gubernamentales de Argentina redactan sus documentos con las mencionadas terminaciones. Veamos:

”La idea central de IOMA (…) es que la obra social pueda brindar este servicio en diversos distritos de la provincia de Buenos Aires y facilitar, de esta manera, el acceso a la información y respuesta a sus afiliadxs, como también promocionar, en el marco del proyecto político del gobierno de Axel Kisillof, los principios de solidaridad, inclusión y justicia social tendientes a fortalecer los derechos de lxs 2,2 millones de afiliadxs que hacen a una de las obras sociales más importantes de la provincia.”

Asimismo, organizaciones internacionales de tanto prestigio e influencia como ACNUR también se manifiestan a favor del uso del lenguaje inclusivo:

“(…) Existe gran variedad de recursos y herramientas lingüísticas para el uso efectivo del lenguaje inclusivo. La eliminación del uso masculino de manera genérica para designar a las personas, o del uso del masculino plural para referirse a grupos mixtos donde evidentemente se encuentran presentes otro género o géneros, además del masculino, es una táctica útil para iniciar el uso del lenguaje inclusivo. (…). Sin embargo no se recomienda el uso del símbolo “@” ni “x” para sustituir las vocales al referirse a ambos géneros. Estas estrategias suelen dificultar la lectura a personas con discapacidad visual que utilizan medios electrónicos de lectura.”

Por su parte, Josefina Altiye, en su artículo “Una cuestión de evolución e inclusión”, presenta una exposición argumentada a favor del uso del lenguaje inclusivo de género. He aquí algunos fragmentos que, en mi opinión, recogen la esencia de la propuesta:

“Los hombres que han escrito escribían dirigiéndose a otros hombres y sobre el mundo desde su perspectiva como hombres, no como personas o seres humanos. La noción de “derechos humanos”, entender que las personas somos iguales en derechos al margen del sexo, del papel en la sociedad, de la orientación sexual, la cultura o el color de piel, es algo tan reciente como de 1945. La “-o” es indicativa de masculino: en español hay dos géneros en gramática, el masculino y el femenino. Pero esto no es lo más importante, porque si hubiera habido un neutro, no lo habrían usado: cuando escribían antes las mujeres no contaban, sencillamente. De la misma manera que no escribían para todos los hombres. Sí, no se escribía para todos los hombres: sólo si eras blanco, burgués y heterosexual.

Supone que la multiplicidad de géneros del ser humano puede reducirse a un sistema binario: o sos varón, o sos mujer. En la actualidad, reducir al sistema binario es excluir a una no tan minoría como siempre fueron llamadas las diversidades de género (…). Aquellas que no se sienten identificadas con lo socialmente impuesto como masculino o femenino. Y para esas personas no existe un pronombre que las identifique: lo que no nombramos, no existe. Entonces necesitamos la lengua (…) para nombrar, para visibilizar.

El lenguaje nos permite ser lo que somos e identificarnos.

Así encontramos como soluciones incluir la x (todxs) o la arroba (tod@s) en lugar de la vocal que demarca género. (…) pero la @ es demasiado disruptiva (…). La x (…) plantea un problema fonético importante (…).

Hasta ahora, la propuesta que parece tener mejor proyección a futuro para ser incorporada sin pelearse demasiado con el sistema lingüístico es el uso de la “e” como vocal para señalar género neutro. Como el objetivo es dejar de referirnos a todes con palabras que solo nombran a algunes, no necesitamos usarla para referirnos a absolutamente a todo, es decir, no vamos a empezar a sentarnos en silles ni a tomarnos le colective cada mañane. Pero si estamos hablando de personas nos habilita una posibilidad para hablar de manera verdaderamente inclusiva. De todos modos, esta tampoco es una solución libre de problemas: implica entre otras cosas la creación de un pronombre neutro (“elle”) y de un determinante (“une”). (…).

Está claro que el tema abordado es largo y tiene muchas aristas, pero, por estrictas razones de espacio, el final de este artículo queda para el próximo domingo. Hasta entonces.

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