¿Qué te piensas llevar contigo después de la muerte?

mujer en sendero

El diciembre pasado, mientras departía con mi familia frente al árbol de navidad, recibí una llamada de un amigo, quien en medio de su dolor, me manifestaba que acaba de perder de familiares el mismo día y en horas cercanas. Mientras lo escuchaba con su impotencia, su rabia y su descontento por la vida  me cuestionaba muchas cosas de la vida. Las mismas que analizo en cada uno de mis pacientes mientras los acompaño en su proceso.

Como bien sabe, los sentidos se convierten en el anzuelo recolector de información, que a posteriori analizaremos y organizaremos para llamarlo realidad. Sin embargo, en muchas ocasiones, esta realidad se encuentra enmarcada en el deseo, en el “yo”, en la omnipotencia de lo infinito.

Vivimos día a día como si fuéramos seres inmortales, que poco o nada les importa que su mayor certeza es la finitud. Siempre estamos apresurados, a contra reloj, llenos de quejas, miedos, ansiedades y deseos en el día a día recibiendo sin filtro la oferta de los  medios de comunicación y la sociedad misma.

Si se posiciona un gobernante, posterior a votar, inicia el torrente de murmuraciones y juzgamientos en el pueblo: “él o ella no son tan buenos”, “…si yo fuera gobernante hmm,…”, “ese no va a servir, quiere poder y ya”.

Vamos por la vida organizando la vida de otros y pocas veces interiorizamos nuestras acciones y pensamientos. Pocas veces nos detenemos a mirar que tan sana es nuestra vida, pocas veces nos detenemos a pensar ¿esta es la vida que quiero vivir?, ¿esto es lo que deseo y anhelo para mí?

 Hace unas semanas tuve en el consultorio una mujer joven, bonita, profesional y violentada. Golpeada y humillada por su pareja en su ego, en su condición de mujer, en su rol de mamá y de persona. Me relataba  que llevaba en esta relación 16 años, que ya no sabía si lo amaba o estaba ahí por costumbre. Menciona que su pareja es un hombre machista, posesivo y que le gusta ser el quien domine en la relación, que incluso es el quien le escoge la ropa que se pondrá cada día y ella solo lo hace para que él esté feliz.

Yo irrumpo en su relato y le pregunto: ¿antes de comprometerte con él, cual era tú ideal de pareja?, se queda pensando y en medio de llanto dice: “era muy soñadora, yo esperaba que estuviéramos juntos hasta viejitos y ser buenos padres, pero ese ideal lo veo muy difuso, ya no quiero esto”.

Ya la paciente había entrado en un estado de conciencia de su vida, de sus actos de los actos de su pareja. Había interiorizada la toxicidad y había visto que no quería permanecer en ella  haciéndola un estilo de vida.

En el instante en el que tomamos plena consciencia de nuestra vida, es que generamos cambios, mejoramos y evolucionamos, de lo contrario estamos subsistiendo: vemos pero no observamos, oímos pero no escuchamos, tocamos pero no sentimos.

Es por esta razón que a través del título de este artículo, los invito a que interioricen la pregunta ¿qué te llevarás después de la muerte?, e incluso ¿qué se pueden llevar si hasta el cuerpo se queda aquí?

La vida es finitud esencial, cada día puede ser nuestro último aliento, nuestro último momento, nuestras últimas palabras. Insistimos en complicarlo todo, en enredarnos mientras vivimos, desconociendo que cada decisión tomada es lo que va definiendo nuestra vida.

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